Hola, este es mi primer relato y espero les guste:
Primero que todo empezaré por presentarme, mi nombre es Diego, soy de Cali (Colombia) tengo 32 años, trigueño, acuerpado. Trabajo dando Soporte Técnico en Sistemas a nivel nacional.
Cierto día entré a una sala de Chat pues estaba aburrido con tanto trabajo y fue ahí donde conocí a una mujer madura de 47 años la cual se llama Elizabeth, dialogamos bastante y me preguntó que si tenía MSN. Con el tiempo nos fuimos conociendo poco a poco por este medio (MSN). Estuvimos dialogando más o menos 3 meses y siempre nos veíamos por web cam ya que por mi trabajo no podía concretar una cita para vernos personalmente pues viajo constantemente. Entre charla y charla me preguntó que si me gustaba hablar con ella y que si me atraían las mujeres maduras a lo cual yo contesté que sí.
Así fue como noche tras noche nos veíamos en el MSN y hablábamos de todo hasta llegar al tema del sexo. Me dijo que era divorciada que vivía con su hija, su yerno y dos nietas, pero que quería conocer a alguien para volverse a sentir mujer, y aprovechando le dije que yo podría ser ese alguien. Me dijo que nunca había estado con otro hombre aparte de su ex esposo que ella era ardiente y que si le gustaría conocerme en persona, pero que cómo hacíamos si casi no permanecía en la ciudad a lo que le dije que podríamos vernos el fin de semana que si estaría en Cali, de tanto insistir me dijo que si y me dio su número celular para que la llamara, le dije que ese fin de semana la llamaría para que nos viéramos, y me respondió que sí, que estaría esperando ansiosa mi llamada.
Llegó el fin de semana y la llamé, me dijo que había estado penando en todo lo que hablábamos y que estaba esperando mi llamada, me preguntó a qué hora y en qué lugar nos veríamos, a lo cual le respondí que nos viéramos a eso de las 4 de la tarde que ella me dijera donde la recogía y que si le gustaban las motos, a lo cual me respondió que sí que no le disgustaba la idea de pasear en moto, me dijo que la recogiera en el Dary de la autopista. Llegadas las 3:30 p.m. salí en mi moto (tengo una Pulsar II) y fui a su encuentro. Cuando llegué la vi, no era una mujer despampanante, era una mujer normal pero de buen trasero y unos pechos no muy grandes pero se veían resaltados por la blusa de tiras que llevaba. Al principio fue muy tímido nuestro encuentro pero hablamos un momento, se subió a la moto y salimos hacia un bar que conocía donde podíamos estar tranquilos y hablar más abiertamente. Me dijo que era súper habernos conocido que no se imaginaba que se fuera a cumplir esa cita, pero que estaba alegre porque si se había vuelto realidad. Nos tomamos unas cervezas y hablamos nuevamente hasta tocar el tema del de sexo y fue ahí donde le dije que si íbamos a un lugar más privado y me dijo que sí.
Nos dirigimos a un motel ubicado a la salida de la ciudad y en el momento que llegamos estaba un poco nervioso pero creo que era porque no había estado con una mujer mucho mayor que yo, ella empezó a acariciarme y darme besos a lo que respondí con gran ímpetu, nuestras lenguas se entrelazaron y nos empezamos a desnudar, me comenzó a desabrochar el pantalón y yo le acariciaba la espalda, me dijo déjate hacer a lo que le dije que sí, pasó a acariciar mi verga por encima del bóxer, me dijo ummm, que rico se ve así no más, como será después… a lo que yo le dije compruébalo. Le quité su blusa y pude ver como sus pechos estaban por salir, le quité el sostén y ahí estaban ante mí un par de senos medianos, coronados por un par de pezones oscuros y grandes los cuales empecé a chupar con ansia desbordada, sus pezones estaban erectos y yo los mordisqueaba, ella gemía diciéndome, Uhmmmmm que rico bebé, si sigue así chúpame las tetas que me vuelves locaaa.
Me retiró de sus senos y me bajó el bóxer quedando con mi verga apuntando hacia el cielo, la empezó a acariciar suavemente de arriba abajo, haciéndome una paja suave, se arrodilló frente a mí y empezó a lamerla por los lados haciéndome retorcer de placer, me daba lengüetazos y yo solo atinaba a decirle lo rico que lo hacía hasta que se la metió en su boca, no sabía que las maduras mamaran la verga tan delicioso, su boca era cálida y me ensalivaba más y más la verga; siguió mamándome la verga y así mismo se fue desabrochando su falda a lo cual yo le ayudé a ir bajando poco a poco pero era imposible sacársela pues la posición de rodillas en la que estaba me lo impedía.
Fue así como ella se incorporó y me dijo, papi ahora si quiero que me lo metas, quiero sentirte dentro, se terminó de sacar la falda y cuando bajó sus interiores, quedó ante mí su concha depilada y chorreante de jugos, estaba mojada y yo con ansías empecé a frotarle mis dedos contra su clítoris, ella solo gemía y decía Uhmmmmm que rico sigue, sigue, sigue, me estás volviendo loca y yo le dije ahora verás lo que te voy a hacer, la subí a la cama y le abrí las piernas, empecé a bajar a su concha y le lamí los bordes de la entrepierna, cogí sus labios mayores y los empecé a chupar y a lamer, hasta que llegué a su clítoris y ahí se retorció, me apretó con sus manos como indicando, cómetelo, cómetelo que es tuyo papi, yo respondí y empecé a chupar ese clítoris que estaba hinchado de la excitación y sus jugos hacían más fácil mi tarea pues dejaban resbalar fácilmente mi lengua en toda su concha.
Me cogió suavemente de la cabeza y me dijo súbete papi ahora si entiérramelo, a lo cual le dije que sí, pero primero me le dije, voy a colocarme un condón, me dijo no te preocupes, estoy sana, pero yo le dije que era mejor que nos cuidáramos y me dijo bueno, y así fue. Empecé a metérselo suavemente y me decía ufff que delicia sigue metiéndomelo, sigue, ya con toda mi verga adentro, empecé bombearla más rítmicamente y ella también respondía haciendo un movimiento de pelvis que hacia entrar completamente mi verga en su encharcada concha solo se oía el respirar profundo de ambos y los gemidos que emitíamos, la volteé y la puse en cuatro, se la metí nuevamente hasta el fondo y me decía, dame más, dame más, quiero sentirme tu mujer, dame duro papi y así seguía yo embistiéndola y aprovechando que su culo estaba bien paradito, le ensalive su agujero negro y comencé a masajeárselo lentamente pero me dijo que por ahí no, que nunca lo había hecho, y que además dejara que comer para una nueva cita, a lo que le dije que si, y seguí empujando mi verga hasta el fondo.
De un momento a otro dijo, aggghhhhhh ,Uhmmmmm, Hummm, me vengo papi, me vengoooo voy a mojarte más la vergaaa, ahhhhh, Aaaahhh, Uhmmmmm, yo le dije vente mamita vente, eso me puso más arrecho y seguí empujando más duro hasta que sentí que mi verga iba a explotar y se lo dije, me voy a venir, me voy a venir, ella rápidamente se volteó y me sacó el condón, comenzó a mamarme nuevamente la verga y a hacerme una paja espectacular y me dijo quiero tragarme tu leche mi vida, dame leche, dámelaaaaaa y yo le dije ahiii vaaa, aahhhhh, y empecé a descargarle todo mi semen en su boca y en su rostro, parecía una gata en celo y chupaba y tragaba mi semen por completo, me limpió la verga y nos tumbamos uno a lado del otro, acariciándonos suavemente como recién enamorados.
Me dijo que había sido fantástico, que eso era hacer el amor y no el sexo, que me había comportado como un caballero y que le había gustado lo de las caricias al terminar porque eso no lo hacía cualquiera. Salimos y la dejé nuevamente donde la recogí, me dijo quiero que lo repitamos y ya sabes lo que te comerás en la próxima cita cuando puedas.
Espero les haya gustado y si hay alguna mujer madura con la que pueda hablar aquí en mi ciudad (Cali – Colombia), escriban.
lunes 16 de junio de 2008
ESTELA, MI SEÑORA PUTA
Mira Joaquín, tenés que llamar después de las cuatro de la tarde, preguntá por una tal Estela, decile que llamás de parte de Arturo...
Así empezó todo, por intermedio de un amigo conocí a Estela, una arquitecta maravillosa y una mujer para perder la cabeza, después de algunos encuentros bien discretos, que empezaban en algún buen lugar para comer y terminaban en hoteles llenos de lujuria, habíamos decido tomarnos dos días en una casa quinta en Parque Leloir.
Estela es una mujer separada, tiene 46 años muy bien llevados, no es mi tipo..., es cierto, pero es tan sensual y tan sexual que no pude evitar perderme en su cuerpo, los dos sabíamos que lo nuestro solo era sexo, ella porque no tenia pareja y yo...porque bueno, para que mentir, el sexo es lo que más disfruto en esta vida, y ella me lo daba... y como!...era discreta, culta, con buen nivel y no interfería para nada en mis tareas, si yo no podía, no decía nada, la amante ideal...
Lo que quería contarles empezó el sábado..., estábamos con Estela en pleno polvo..., yo abajo y Estela cabalgándome...sus tetas se movían desesperadas arriba mío, ella gemía...gritaba como siempre, como decirles...es muy demostrativa, si algo le gusta te lo hace saber, antes de que se me suba a mi pija, le había estado dando una deliciosa chupada de concha..., como a mi me gusta, le dediqué un buen rato a cada centímetro de su concha, de su clítoris...mi lengua y mis dedos la habían puesto a punto, de repente Estela empezó a gritar...-Acábame papito...acábame que te acabo todo en esa pija...ahhhh, ahhhh, ahhhh... Se perdió entre los gritos...no tardó mucho mi pija en soltar toda la leche que tenia guardada para ella...
Estábamos los dos recostados en la cama cuando sonó el celular de Estela, era su hija... noté enseguida que Estela se puso muy preocupada, cuando cortó me enteré que su hija había sufrido un altercado, pronto salimos y fuimos a buscar a su hija a la casa de una amiga de ella, mientras íbamos en la camioneta Estela me contó que su hija se había caído de una escalera y se había fracturado un tobillo. Llegamos, me quedé en la camioneta esperando y al rato, salió Estela con su hija..., apenas la vi lo primero que pensé fue...¡que buena está!... Estela le abrió la puerta de atrás a su hija, cuando las dos subieron a la camioneta, Estela algo ruborizada le dijo a su hija...
- Él es Joaquín, un amigo que me trajo...
Paula, así se llama la hija de Estela, me miró y me agradeció..., aunque su cara dibujó un gesto muy especial..., como diciendo...Sí, un amigo...La familia de la amiga de Paula la había llevado hasta el hospital, ahí le pusieron un yeso, ahora había que comprar unos calmantes para el dolor, al llegar a la casa de Estela me ofrecí para ir a buscarlos, as estaba hermoso y no pensaba perderme el fin de semana. Esa tarde, mientras buscaba a quien llamar, me sonó el celular, era Estela...
- Hola bebe... - Hola Preciosa... ¿como estás?- Bien, escuchame quería pedirte disculpas..., no sabes la bronca que tengo, la estábamos pasando tan bien... - Cómo está tu hija? - Paula está bien, pero tiene que descansar... - Y bueno, venite con ella... - ¿Estás loco?, no me gusta que vea ciertas cosas...soy su madre, no su amiga... - Está bien, ¿pero vos te crees que no se dio cuenta?....tonta no parece... - Si...se dio cuenta..., pero bueno...no sé... - Dale...que estoy acá sólito..., y tengo el regalito que te dije....me muero de ganas de ver como te queda... - Bueno...hagamos algo, veo como lo toma Pau y te aviso... - Dale...besos y no te olvides...necesito tenerte...
Cortamos y en el fondo sabía que Estela iba a volver, decidí ir a comprar un poco de carne para hacer un asado, mientras compraba sonó otra vez mi teléfono, era Estela...me confirmaba que venía con Paula... Llegaron a las ocho de la noche, Estela estaba hermosa, un jean, una remera sin mangas, blanca, que apretaba esas tetas de ensueño y el pelo recogido..., Paula estaba más informal aún, con un conjunto deportivo, que no dejaba ver mucho, guardaba a la perfección su tesoro.
Comimos un rico asado, Estela y yo bebimos un poco de vino y Pau, como estaba con los remedios tomó agua sin gas. En la mesa se dio una charla muy amena, hablamos mucho de Paula, que estaba en los primero años de la facultad, me enteré que tenía 22 años, que estudiaba ciencias económicas y que tenía un novio que vivía momentáneamente en el interior. Alrededor de las once de la noche, Paula decidió irse a dormir, Estela la ayudó a pararse, y se fueron las dos, al rato, volvió Estela...
- Estaba fusilada pobre...tuvo un día terrible... - Me imagino, además debe estar media aturdida por los calmantes... - Si, pero ahora la que quiere quedar aturdida soy yo...
Nos empezamos a besar con Estela, yo la abrazaba por la cintura, mientras nuestras lenguas jugaban y se recorrían mis manos, acariciaban ese culito hermoso, me calentaba pasar mi mano y sentir el relieve de su tanguita..., Estela me mordía los labios, eso me calienta mucho y Estela lo sabe..., pasé a besarle el cuello, a lamerlo, a morderlo, me fascina ver como Estela se arquea, como deja caer su cuerpo hacia atrás, bajé por su pecho, mordí su remera..., sintiendo el calor de sus tetas..., cuando levanté la mirada..., vi algo que me generó miles de sensaciones distintas..., en la ventana del primer piso, pude divisar a Paula observando todo..., me hice el tonto y seguí con lo mío..., y Paula siguió mirando.
Vamos para arriba dijo Estela mientras con una mano me agarraba el bulto que crecía bajo mi pantalón, ella caminaba adelante mío, yo la seguía, muy cuidadosamente observé hacia la ventana, pero ya no estaba Paula, subimos las escaleras muy despacio, Estela no quería que Paula se despierte...
Entramos en la habitación y empezamos un juego hermoso..., le di a Estela su regalito, era un conjunto de ropa interior, azul intenso, con unas ligas hermosas..., Estela agarró su paquetito y me pidió que salga de la habitación, mientras se preparaba bajé las escaleras, entré en la cocina, me serví un poco de agua y tomé..., un par de minutos después subí, al pasar por la puerta de la habitación donde dormía (dormía?) Paula, me calenté más todavía, esa situación, todavía me daba vueltas por la cabeza su imagen...mirándonos...
Entré a la pieza y ahí estaba Estela, con ese conjuntito hermoso que le quedaba de maravilla, me sacó la verga mientras me decía, la quiero toda...en mi conchita, en mi culito...-¿Le vas a hacer la colita a tu nena? Estela hablaba y yo volaba de calentura, mi pija sentía la terrible paja que me hacía y mi mente no dejaba de pensar en Paula, miré hacia la puerta, como si ahí fuera a estar, pero nada, me desesperaba la fantasía de que nos viera, a su madre y a mi cogiendo así..., le saqué a Estela mi pija de su boca...
-Mmmmm papito, hace un segundo que no la tengo la boca y ya la extraño!... se puso en cuatro y gateaba...la agarré de las caderas y la arrastré hacia donde yo estaba, me puse boca arriba, ella separó las piernas, metí mi cabeza para quedar justo a la altura de su conchita, le corrí la tanga y empecé a chuparle la concha, quería retribuirle el placer que le había dado a mi pija, mientras se la chupaba, ella se incorporó, quedó como sentada sobre mi cara, mi lengua hurgaba en el interior de esa conchita, ella dio medio giro y con su mano siguió pajeándome..., me hablaba con su voz entre cortada por los gemidos...
- Mmmm ayyyy, uyyy, aayyyy así, chúpame asiii, ¿te gusta chuparle la conchita a tu puta? Mmmm uyyy si me chupas así te voy a acabar... ¿Me querés hacer acabar? Ayyyy, ayyyy, uyyy tu puta va a acabar si me seguís chupando así...
Me detuve..., sentía como su concha palpitaba, como latía llena sus jugos, mi cara inundada en ellos le dio un morbo maravilloso a la situación...Estela me comió la boca, nos besamos salvajemente, todos los jugos de su concha pasaban de mi lengua a su lengua...
-¿Y ahora que le vas a hacer a tu putita? - dijo Estela..., -Cogerla toda, llenarle la colita con esta pija que tan caliente me puso..., le dije mientras con mi mano me agarraba la pija y se la mostraba..., la puse en cuatro, le separé las piernas y le puse la pija de golpe, hasta el fondo, con firmeza..., Estela pegó un grito de placer...y empezó a moverse, yo me movía, ella se movía, era increíble la velocidad con la que la estaba cogiendo, mi pija salía casi entera de su concha y volvía a entrar, Estela empezó a gritar cada vez más fuerte..., acabo...acabo...¡te acaboooooooooo! Sentí como la concha de Estela explotaba, fue maravilloso...., le saqué la pija de su conchita y me tiré sobre ella, que estaba exhausta boca abajo, nos quedamos un buen rato así, mientras Estela recuperaba el aire..., -Me recalienta que me cojas así..., pero todavía no me diste la lechita...-Tenés razón...., la estoy guardando para esa colita...
Nos pusimos en la famosa posición cucharita, yo seguía con la pija dura, con ganas de sacarme la leche, mientras le acariciaba las tetas...le mordía el cuello, empecé con mi pija a puertearle la colita, Estela, que se vuelve loca por una pija en el culo, me agarró la pija y la empezó a presionar contra la entrada de su culito, tardamos un poco, pero una vez que la cabeza de mi pija entró, se desató una cogida terrible, ese culito ya estaba bien dilatado, vaya uno a saber por cuantas pijas, otra vez los gritos, otra vez la desesperación por tocarnos, besarnos, sentirnos...
Estaba a punto de acabar... Estela empezó a pedírmelo..., -Dale...bebé, dame la leche...dámela en el culito..., dale..., no se como..., pero por la posición en la que estábamos en la cama, los dos le dábamos la espalda a la puerta, giré casi por instinto, como si buscara algo y ahí vi...los ojos de Paula, ocultos tras la puerta entreabierta...un instante después acabé como pocas veces en mi vida, el culo de Estela recibió toda mi leche, con inmenso placer solté cada gota de lechita para mi puta...mi señora puta.
Así empezó todo, por intermedio de un amigo conocí a Estela, una arquitecta maravillosa y una mujer para perder la cabeza, después de algunos encuentros bien discretos, que empezaban en algún buen lugar para comer y terminaban en hoteles llenos de lujuria, habíamos decido tomarnos dos días en una casa quinta en Parque Leloir.
Estela es una mujer separada, tiene 46 años muy bien llevados, no es mi tipo..., es cierto, pero es tan sensual y tan sexual que no pude evitar perderme en su cuerpo, los dos sabíamos que lo nuestro solo era sexo, ella porque no tenia pareja y yo...porque bueno, para que mentir, el sexo es lo que más disfruto en esta vida, y ella me lo daba... y como!...era discreta, culta, con buen nivel y no interfería para nada en mis tareas, si yo no podía, no decía nada, la amante ideal...
Lo que quería contarles empezó el sábado..., estábamos con Estela en pleno polvo..., yo abajo y Estela cabalgándome...sus tetas se movían desesperadas arriba mío, ella gemía...gritaba como siempre, como decirles...es muy demostrativa, si algo le gusta te lo hace saber, antes de que se me suba a mi pija, le había estado dando una deliciosa chupada de concha..., como a mi me gusta, le dediqué un buen rato a cada centímetro de su concha, de su clítoris...mi lengua y mis dedos la habían puesto a punto, de repente Estela empezó a gritar...-Acábame papito...acábame que te acabo todo en esa pija...ahhhh, ahhhh, ahhhh... Se perdió entre los gritos...no tardó mucho mi pija en soltar toda la leche que tenia guardada para ella...
Estábamos los dos recostados en la cama cuando sonó el celular de Estela, era su hija... noté enseguida que Estela se puso muy preocupada, cuando cortó me enteré que su hija había sufrido un altercado, pronto salimos y fuimos a buscar a su hija a la casa de una amiga de ella, mientras íbamos en la camioneta Estela me contó que su hija se había caído de una escalera y se había fracturado un tobillo. Llegamos, me quedé en la camioneta esperando y al rato, salió Estela con su hija..., apenas la vi lo primero que pensé fue...¡que buena está!... Estela le abrió la puerta de atrás a su hija, cuando las dos subieron a la camioneta, Estela algo ruborizada le dijo a su hija...
- Él es Joaquín, un amigo que me trajo...
Paula, así se llama la hija de Estela, me miró y me agradeció..., aunque su cara dibujó un gesto muy especial..., como diciendo...Sí, un amigo...La familia de la amiga de Paula la había llevado hasta el hospital, ahí le pusieron un yeso, ahora había que comprar unos calmantes para el dolor, al llegar a la casa de Estela me ofrecí para ir a buscarlos, as estaba hermoso y no pensaba perderme el fin de semana. Esa tarde, mientras buscaba a quien llamar, me sonó el celular, era Estela...
- Hola bebe... - Hola Preciosa... ¿como estás?- Bien, escuchame quería pedirte disculpas..., no sabes la bronca que tengo, la estábamos pasando tan bien... - Cómo está tu hija? - Paula está bien, pero tiene que descansar... - Y bueno, venite con ella... - ¿Estás loco?, no me gusta que vea ciertas cosas...soy su madre, no su amiga... - Está bien, ¿pero vos te crees que no se dio cuenta?....tonta no parece... - Si...se dio cuenta..., pero bueno...no sé... - Dale...que estoy acá sólito..., y tengo el regalito que te dije....me muero de ganas de ver como te queda... - Bueno...hagamos algo, veo como lo toma Pau y te aviso... - Dale...besos y no te olvides...necesito tenerte...
Cortamos y en el fondo sabía que Estela iba a volver, decidí ir a comprar un poco de carne para hacer un asado, mientras compraba sonó otra vez mi teléfono, era Estela...me confirmaba que venía con Paula... Llegaron a las ocho de la noche, Estela estaba hermosa, un jean, una remera sin mangas, blanca, que apretaba esas tetas de ensueño y el pelo recogido..., Paula estaba más informal aún, con un conjunto deportivo, que no dejaba ver mucho, guardaba a la perfección su tesoro.
Comimos un rico asado, Estela y yo bebimos un poco de vino y Pau, como estaba con los remedios tomó agua sin gas. En la mesa se dio una charla muy amena, hablamos mucho de Paula, que estaba en los primero años de la facultad, me enteré que tenía 22 años, que estudiaba ciencias económicas y que tenía un novio que vivía momentáneamente en el interior. Alrededor de las once de la noche, Paula decidió irse a dormir, Estela la ayudó a pararse, y se fueron las dos, al rato, volvió Estela...
- Estaba fusilada pobre...tuvo un día terrible... - Me imagino, además debe estar media aturdida por los calmantes... - Si, pero ahora la que quiere quedar aturdida soy yo...
Nos empezamos a besar con Estela, yo la abrazaba por la cintura, mientras nuestras lenguas jugaban y se recorrían mis manos, acariciaban ese culito hermoso, me calentaba pasar mi mano y sentir el relieve de su tanguita..., Estela me mordía los labios, eso me calienta mucho y Estela lo sabe..., pasé a besarle el cuello, a lamerlo, a morderlo, me fascina ver como Estela se arquea, como deja caer su cuerpo hacia atrás, bajé por su pecho, mordí su remera..., sintiendo el calor de sus tetas..., cuando levanté la mirada..., vi algo que me generó miles de sensaciones distintas..., en la ventana del primer piso, pude divisar a Paula observando todo..., me hice el tonto y seguí con lo mío..., y Paula siguió mirando.
Vamos para arriba dijo Estela mientras con una mano me agarraba el bulto que crecía bajo mi pantalón, ella caminaba adelante mío, yo la seguía, muy cuidadosamente observé hacia la ventana, pero ya no estaba Paula, subimos las escaleras muy despacio, Estela no quería que Paula se despierte...
Entramos en la habitación y empezamos un juego hermoso..., le di a Estela su regalito, era un conjunto de ropa interior, azul intenso, con unas ligas hermosas..., Estela agarró su paquetito y me pidió que salga de la habitación, mientras se preparaba bajé las escaleras, entré en la cocina, me serví un poco de agua y tomé..., un par de minutos después subí, al pasar por la puerta de la habitación donde dormía (dormía?) Paula, me calenté más todavía, esa situación, todavía me daba vueltas por la cabeza su imagen...mirándonos...
Entré a la pieza y ahí estaba Estela, con ese conjuntito hermoso que le quedaba de maravilla, me sacó la verga mientras me decía, la quiero toda...en mi conchita, en mi culito...-¿Le vas a hacer la colita a tu nena? Estela hablaba y yo volaba de calentura, mi pija sentía la terrible paja que me hacía y mi mente no dejaba de pensar en Paula, miré hacia la puerta, como si ahí fuera a estar, pero nada, me desesperaba la fantasía de que nos viera, a su madre y a mi cogiendo así..., le saqué a Estela mi pija de su boca...
-Mmmmm papito, hace un segundo que no la tengo la boca y ya la extraño!... se puso en cuatro y gateaba...la agarré de las caderas y la arrastré hacia donde yo estaba, me puse boca arriba, ella separó las piernas, metí mi cabeza para quedar justo a la altura de su conchita, le corrí la tanga y empecé a chuparle la concha, quería retribuirle el placer que le había dado a mi pija, mientras se la chupaba, ella se incorporó, quedó como sentada sobre mi cara, mi lengua hurgaba en el interior de esa conchita, ella dio medio giro y con su mano siguió pajeándome..., me hablaba con su voz entre cortada por los gemidos...
- Mmmm ayyyy, uyyy, aayyyy así, chúpame asiii, ¿te gusta chuparle la conchita a tu puta? Mmmm uyyy si me chupas así te voy a acabar... ¿Me querés hacer acabar? Ayyyy, ayyyy, uyyy tu puta va a acabar si me seguís chupando así...
Me detuve..., sentía como su concha palpitaba, como latía llena sus jugos, mi cara inundada en ellos le dio un morbo maravilloso a la situación...Estela me comió la boca, nos besamos salvajemente, todos los jugos de su concha pasaban de mi lengua a su lengua...
-¿Y ahora que le vas a hacer a tu putita? - dijo Estela..., -Cogerla toda, llenarle la colita con esta pija que tan caliente me puso..., le dije mientras con mi mano me agarraba la pija y se la mostraba..., la puse en cuatro, le separé las piernas y le puse la pija de golpe, hasta el fondo, con firmeza..., Estela pegó un grito de placer...y empezó a moverse, yo me movía, ella se movía, era increíble la velocidad con la que la estaba cogiendo, mi pija salía casi entera de su concha y volvía a entrar, Estela empezó a gritar cada vez más fuerte..., acabo...acabo...¡te acaboooooooooo! Sentí como la concha de Estela explotaba, fue maravilloso...., le saqué la pija de su conchita y me tiré sobre ella, que estaba exhausta boca abajo, nos quedamos un buen rato así, mientras Estela recuperaba el aire..., -Me recalienta que me cojas así..., pero todavía no me diste la lechita...-Tenés razón...., la estoy guardando para esa colita...
Nos pusimos en la famosa posición cucharita, yo seguía con la pija dura, con ganas de sacarme la leche, mientras le acariciaba las tetas...le mordía el cuello, empecé con mi pija a puertearle la colita, Estela, que se vuelve loca por una pija en el culo, me agarró la pija y la empezó a presionar contra la entrada de su culito, tardamos un poco, pero una vez que la cabeza de mi pija entró, se desató una cogida terrible, ese culito ya estaba bien dilatado, vaya uno a saber por cuantas pijas, otra vez los gritos, otra vez la desesperación por tocarnos, besarnos, sentirnos...
Estaba a punto de acabar... Estela empezó a pedírmelo..., -Dale...bebé, dame la leche...dámela en el culito..., dale..., no se como..., pero por la posición en la que estábamos en la cama, los dos le dábamos la espalda a la puerta, giré casi por instinto, como si buscara algo y ahí vi...los ojos de Paula, ocultos tras la puerta entreabierta...un instante después acabé como pocas veces en mi vida, el culo de Estela recibió toda mi leche, con inmenso placer solté cada gota de lechita para mi puta...mi señora puta.
LE DESTROCE EL CULO
Esta historia sucedió el otoño pasado en una ciudad del sur del país, donde yo llegué a vivir, para trabajar en un buque. La dueña de la casa era ya una señora, como de unos 40 años, pero estaba muy bien conservada. Tenía buenas piernas y buen culo, redondo y al parecer durito, porque practicaba deporte. Era separada y no tenía novio, por lo tanto yo pensé que tenía unas ganas acumuladas de culear.
A veces yo le pedía prestado el baño y encontraba sus tangas recién quitados, tenían rastros de jugos vaginales todavía frescos, como si se hubiera masturbado o como si hubiera tenido un sueño erótico en la noche.
Solía ponerse una lycra apretada, con lo que se notaba que tenía una concha grande y peluda, que con disimulo yo miraba, y me apetecía mamarle y meterle la lengua hasta lo más recóndito. Hasta hacerla gemir de placer.
En cierta ocasión me pidió el favor de que la llevara en mi coche al centro de la ciudad. Cuando nos subimos le dije que se colocara el cinturón de seguridad, parece que estaba trabado, entonces intenté ayudarle y, sin intención, rocé sus senos con mis manos, lo cual enseguida me excitó; continué acomodando el cinturón fingiendo cierta dificultad, de esa forma le apreté otra vez las tetas. Noté que ella aparentó no sentir nada, pensé que me había excedido un poco y fui más recatado. No volví a acosarla en esta ocasión.
Un día llegué y ella estaba sola. Había estado lavando y tenia la camiseta mojada, como no llevaba sostén se le notaban dos tetas caídas, pero con dos grandes pezones, lo cual me ponía muy excitado, y con ganas de mandarle la mano al chocho.
Yo la quise saludar de beso en la mejilla, ella me dio la oportunidad y alcance a rozar sus labios con los míos. Parece que esto le produjo cierto placer, me miró, pero no me dijo nada. Empezamos a hablar de cosas triviales.
Yo estaba buscando la forma de acercarme a ella, o tocarla de algún modo, de pronto se me ocurrió hablarle del tema de los masajes y lo buenos que eran para relajarse, entonces le propuse que si quería le podía hacer un masaje. Me dijo que sí. La llevé a la cama y la recosté boca abajo, podía apreciar su gran culo sin disimular, ya que ella no me veía.
Empecé a masajear su espalda, suavemente, lo cual a ella le parecía muy placentero, entonces, atrevidamente le pasé las manos por las raíces de las tetas. Pude notar sus pezones erectos, lo cual me dio confianza para continuar con el manoseo. Como no me dijo nada, le cogí las tetas descaradamente y se las empecé a apretar.
Acto seguido, con una mano le acariciaba el culo y le iba pasando los dedos por la chocha, a lo cual ella encogía y contraía el culo, en señal de placer, mientras, con la otra mano, le seguía acariciando las tetas. Sin más preámbulos, le quité la camiseta y empecé a besarle la espalda y la base de los senos. Al mismo tiempo, le acariciaba el culo entero, separando sus nalgas y metiendo allí mi nariz, ese olor a sudor me ponía más caliente.
La volteé hacia mí y, suavemente, empecé a besarle el estómago, el ombligo, subiendo hasta darle piquitos en los pezones, su excitación era mayor y la mía también. Me dijo: ¡no me haga esto por favor! Yo, simplemente, le tapé la boca con una mano, ella empezó a chuparme los dedos, mientras yo le besaba el pecho y con la otra mano le cogía el chocho por encima de la lycra. Me pegué a sus tetas y se las mamaba ambas, a intervalos, sus pezones estaban bien erectos.
¡Qué gran chocho! No me alcanzaba la mano para cubrirlo. Ella a su vez, comenzó a quitarme la camiseta que yo llevaba, no opuse resistencia. Yo ya estaba que estallaba. Así que procedí a quitarle la lycra muy ajustada que tenía. Pronto quedó frente a mí ese gran animal, con unos labios muy grandes en los bordes, abultados, esa cosa era más grande que mi cara. A pesar de su edad usaba una braguita blanca muy pequeña que le resaltaba más ese morro, y se veía señas de que estaba mojadita por encima del calzón. Yo no podía aguantarme las ganas de lanzarme a ese chochito y empezar a besarlo.
Por los agujeritos de la braga salían los vellitos negros. A los lados también salían vellitos, aunque parecía recién depilada. Comencé a besarla desde las rodillas hacia arriba, muy lentamente, subiendo por esos grandes muslos que estaban hirviendo, como diciendo cómeme ya, cuando llegaba a su chochito, me detenía para husmear con mi nariz, el olor de su cosita mojada me llenaba de placer.
La besé por los lados, levantando su braguita y metiendo la lengua. Yo saboreaba sus jugos vaginales, ella se retorcía de placer. No esperé más y le quité la braga. Se veía esa rajita húmeda y bien depilada.
Le pasé la lengua por la superficie, a lo cual se estremeció, y me apretó la cabeza contra su cuquita. Sin más preámbulos, le abrí los labios vaginales con mi lengua y comencé a lamer, metiéndole la lengua aun más adentro, esos labios rosados y húmedos estaban sedientos de sexo, la puta estaba chorreando y se estremecía de placer, ni que se diga cuando llegué a su clítoris, arqueó su cuerpo sin poder aguantar la excitación, le agarré el culo con mis manos y la apreté más hacia mi boca.
Con mis labios le apretaba el clítoris y se lo succionaba, al mismo tiempo, comencé a rozarle el culito con mis dedos, al principio, ella me apartaba los dedos de su culo pero por fin cedió. Lo lubriqué con su lechita caliente, hasta que le metí todo el dedo del corazón, la perra no sabía qué hacer, gemía, se retorcía y apretaba, con sus manos, mi cabeza contra su chocho, yo metía y sacaba el dedo en un movimiento, al principio lento, y luego muy rápido, no aguantó mucho y se vino en un orgasmo largo y lleno de jadeos y contracciones. Cuando terminó, me tuvo largo rato en esa misma posición, acariciándome el pelo, con mi cabeza metida en su concha.
Me limpié la boca con una sábana y me puse de pié, ella, inmediatamente, me agarró de las caderas, me quitó los pantalones y empezó a besarme la verga por encima de la tanga que llevaba, no esperó mucho, y me la quitó con un movimiento brusco y desesperado.
Quedó frente a ella, mi verga, de la que ya botaba los primeros chorritos. De una vez, la agarró con las dos manos y se la llevó a su boca; primero, le besó la puntica con sus labios, luego, se metió toda la cabeza en su boca y la apretó fuertemente.
Su boca estaba caliente, la chupó varias veces y luego empezó a restregársela por toda la cara, la nariz, los oídos; luego empezó a succionar la punta otra vez, yo sentía hervir mi sangre, y sentía como mi pene crecía en su boca y se lo introducía mucho más adentro. Ella comenzó a recorrer mi pene, de la raíz hasta la punta, y me mamaba también los huevos. Noté que, en esto, yo no aguantaría mucho tiempo, entonces, saqué mi verga de su boca y la tendí a ella en la cama, le abrí las piernas y la intenté penetrar sin más consideraciones.
Me llevé una sorpresa cuando me dijo que no le hiciera eso, que ya habíamos ido demasiado lejos, porque ella, por su edad, podría ser mi madre. En medio de mi excitación yo no sabía qué hacer, entonces decidí tomarla por la fuerza, así que le agarré sus dos manos y se las puse detrás de su cabeza.
La sostuve con una mano, y con la otra agarré mi pene para metérselo en su vagina, ella forcejeó unos momentos, cerró sus piernas pero yo se las abrí de nuevo, luego, después de unos minutos, cedió y me dijo: ¡me gusta que me tomen así, métemela toda por favor, quiero sentirla dentro de mí, húndemela sin compasión!. A lo cual, yo procedí inmediatamente, pero pensando dentro de mí: ahora me las vas a pagar, puta de mierda, esta broma te va a doler mucho.
Pero parecía que ella tenía la vagina bastante estrecha, porque me costaba dificultad metérsela. Me decía que se la metiera despacio porque le dolía. Ella misma guiaba mi pene con sus manos, a cada centímetro que yo avanzaba, ella gemía y casi gritaba en un gesto mezclado de dolor y placer.
Yo la continué metiendo, y ella gritaba aun más, y me enterraba sus uñas en mi espalda, lo cual me excitaba mucho más. Pronto la penetré todita, y puse sus piernas en mis hombros, y comencé un movimiento rítmico, a lo cual ella empezó a moverse rápidamente, y yo también.
Apoyé mis piernas en uno de los extremos de la cama y con mis manos la abracé fuerte, de tal forma que ella casi no podía moverse ni oponer resistencia, entonces, le imprimí más fuerza a mis movimientos y mucha más rapidez, ella gritaba de desesperación, y sentí cómo su vagina se contraía y apretaba contra mi pene, la penetración era máxima, comenzó a moverse como loca de placer, a lo cual tuve que golpearla con una mano en su cara, pero esto sólo logró acelerarla mucho más. Esto me produjo más excitación, de tal forma que sentí venirme y no aguanté más.
Le bajé las piernas rápidamente y la abracé fuerte con mis manos, en estos momentos, eyaculé sin pensarlo más, y sentí como sus músculos internos se contraían otra vez apretando mi verga. Este momento para mí fue infinito. Duramos abrazados un largo rato y me dijo que nunca le habían hecho algo semejante. Le pregunté que por qué era tan estrecha y me dijo que no sabía pero que siempre le dolía mucho.
Nos quedamos recostados unos 15 a 20 minutos.
Al estar los dos acostados, desnudos, me puse a mirarle la concha, ¡qué grande era!, entonces empecé a juguetear con ella, y a acariciarla con mis manos. Nuevamente sentí excitación y mi verga se puso dura.
Le pregunté, que si alguna vez la habían clavado por detrás, y me dijo que no, que sí lo habían intentado, pero que ella no lo había permitido. Yo le prometí que lo haríamos suavemente, sin prisas, y que no le dolería mucho. Ella me dijo que no rotundamente.
Mientras, yo seguía acariciándole la chocha y excitándola, ella comenzó a jadear de nuevo y a gemir. Aproveché para tocarle suavemente el culito, e introducirle un dedo lentamente, ella vio mis intenciones, y trató de apartarme de esa zona; le sacaba el dedo del culo, y me concentraba en su chocha, pero de nuevo regresaba a su culito, con disimulo, y, de esta forma, logré meterle todo el dedo.
Ella me decía que por favor no le hiciera eso, pero, a la vez, ya no permitía que se lo sacase, y comenzó a hacer un movimiento rítmico con el culo. Entonces, la giré hacia abajo y, sin sacarle el dedo del ano, le comencé a meter la lengua en la cuca, y también entre las nalgas. Ella gemía aún más de placer. Entonces, decidí sacarle el dedo del culo y metérselo en la vagina.
Mientras, con la otra mano, le abrí lentamente las nalgas y empecé a rozarle la punta de mi verga en el culito. Al principio, contraía el culo y no permitía nada, pero nuevamente yo iba al ataque; con los dedos lubricados por la mezcla de semen y leche, que había en su chocha, iba abriéndole otra vez el ano, hasta que, en un descuido suyo, le metí la puntica del pene.
En ese momento, ella como que se paralizó para asimilar el pequeño dolor, pero yo le acaricié las tetas, y le dije que se relajara, que iba a ser muy placentero. Entonces, comencé a penetrarla más y más por el ano, ella, enseguida, puso sus dos manos en las nalgas, abriéndolas poco a poco, se la metí lentamente, ella gemía aún más, hasta que le introduje todos los 18 centímetros, quedando fuera sólo mis bolas. Ella casi ni podía moverse. Entonces, comencé a sacarla y meterla muy suavemente.
Pronto, ella se acopló a este nuevo movimiento, y me siguió el ritmo. Fuimos acelerando más y más, y ella gemía, y me pedía que le hiciera más duro todavía. Yo la cogí por las caderas, con mis dos manos, y fuertemente la apreté contra mí, su placer era infinito. Después, con una mano, empecé a acariciarle la chocha, y a introducirle los dedos, le encontré el clítoris y se lo empecé a frotar. La muy puta no podía resistir tanto placer, pero, a la vez, sentía dolor, ya que se agarraba fuertemente a la sábana, se quejaba y mordía la almohada, hasta me pareció ver dos lágrimas en sus ojos.
Le continué dando con más fuerza por ese culo, entonces, noté que ya la puta estaba viniéndose, porque su culo se contraía, y me apretaba la verga, lo cual me excitó mucho más, aceleré el ritmo, parecía que la fuera a reventar, y, en ese momento, le eyaculé todo mi semen hirviente, una parte quedó en su culo, y la otra ella rápidamente logró sacarse mi pene, se giró, y se lo metió en la boca, succionando de mí hasta la última gota, luego quedamos rendidos en la cama.
Me levanté, y me lavé la verga, y me fui a tender de nuevo en la cama. Me dijo que había quedado completamente exhausta, y, a modo de broma, dijo que yo era un depravado, por todo lo que le había hecho, pero que era lo más maravilloso que le había pasado. Le respondí que aún faltaba más, y me dijo que era imposible, que ya no tenía fuerzas.
Sin pensarlo, me quedé dormido. De repente, me desperté al sentir una sensación de placer en mi pene, abrí los ojos, y vi que era ella, que estaba pegada como un ternero a mi verga, la estaba mamando, metiéndola y sacándola, la metía hasta lo más profundo de su garganta. Me chupaba la punta, y me la succionaba con tanta fuerza que a veces me dolía, y yo me encorvaba del placer. Pronto sentí como mi verga crecía aún más dentro de su boca. Entonces, la agarré de los cabellos, y empecé con un movimiento rítmico, como si la hubiera penetrado por la chocha o por el culo.
Luego, sin sacarle mi pene de su boca, di un giro sobre mi espalda y la acomodé a ella, de tal forma que mi boca quedó bajo sus genitales, formando así el famoso 69. Sus labios vaginales estaban chorreando. Empecé a besarlos suavemente, acomodando mi boca en su vagina, mientras con las manos le habría las dos nalgas, para observar el huequito de su culo, el cual trataba de abrirse y cerrarse. Con la lengua, busque su culo, y le metí la puntica, así mismo, también le succionaba el culito, a lo cual, ella dejaba de mamarme el pene. Yo creo que el placer que sentía la hacía parar y gemir inmediatamente.
De nuevo, regresaba con mi lengua y le buscaba su chocha, le introducía también mi lengua entre su vagina, lo más que podía, al tiempo que con los dedos, también, se los metía en su culito, ya lubricado. Yo sentía su leche correr sobre mi cara, y mis labios y mi excitación aumentó aun más.
Entonces, aceleré la chupada que le daba en sus labios vaginales, los cuales besaba uno por uno, recorriéndolos completamente, y, saboreándolos en mi boca, le encontré el clítoris, y se lo chupé sin compasión, mordiéndolo suavemente con mis dientes, o apretándolo con mis labios. Ella ya no podía resistir, me dejó de mamar, y se vino en un gran orgasmo que parecía no terminar.
Pero yo aún no había terminado, y de nuevo le introduje mi pene en su boca, agarrándola de los cabellos la obligué a mamar aún con más fuerza, y más rápido, yo sentía que ya iba a eyacular. Cuando empezaron a botar los primeros chorros de semen, ella sintió que yo ya iba a derramarme, e intentó sacarla de la boca, pero yo no se lo permití, la agarré con más fuerza contra mí. Le dije: ¡bueno perra!, ¿Antes querías y ahora ya no? Tienes que terminar lo que empezaste, y le eyaculé todo mi semen en su boca; no encontró otro camino que tragárselo todo, como que le gustó, porque me succionó de nuevo hasta la última gota. De esta forma ya los dos quedamos satisfechos, y nos dormimos un largo rato. Después, me vestí y le prometí volver a comérmela más a menudo.
Aprovechábamos cualquier ocasión para culear, incluso hasta en la cocina. Por las mañanas, cuando yo me levantaba, la encontraba preparando el desayuno, aún sin bañarse, y sólo cubierta por una delgada bata. Entonces, yo me acercaba por detrás, me agachaba, y le alzaba la bata, le metía mi lengua entre las nalgas, y, como no llevaba calzón, inmediatamente encontraba su rajita y su culito, y empezaba a mamárselos; con la otra mano, le agarraba el chocho y le frotaba el clítoris. La muy puta, empezaba casi a saltar de la emoción, se volvía hacia mí, me tiraba al piso, me desvestía, y de nuevo hacíamos el 69. Esto sucedía casi a diario.
Esta fue la historia con esta hembra, la cual quedó como enamorada de mi verga, porque, a cada rato, me lo mamaba sin mucho pensarlo. Y siempre me pedía que se lo metiera por el culito, ya que por ahí sentía un placer diferente decía ella. Yo le daba gusto y se la hundía hasta hacerla gritar.
A veces yo le pedía prestado el baño y encontraba sus tangas recién quitados, tenían rastros de jugos vaginales todavía frescos, como si se hubiera masturbado o como si hubiera tenido un sueño erótico en la noche.
Solía ponerse una lycra apretada, con lo que se notaba que tenía una concha grande y peluda, que con disimulo yo miraba, y me apetecía mamarle y meterle la lengua hasta lo más recóndito. Hasta hacerla gemir de placer.
En cierta ocasión me pidió el favor de que la llevara en mi coche al centro de la ciudad. Cuando nos subimos le dije que se colocara el cinturón de seguridad, parece que estaba trabado, entonces intenté ayudarle y, sin intención, rocé sus senos con mis manos, lo cual enseguida me excitó; continué acomodando el cinturón fingiendo cierta dificultad, de esa forma le apreté otra vez las tetas. Noté que ella aparentó no sentir nada, pensé que me había excedido un poco y fui más recatado. No volví a acosarla en esta ocasión.
Un día llegué y ella estaba sola. Había estado lavando y tenia la camiseta mojada, como no llevaba sostén se le notaban dos tetas caídas, pero con dos grandes pezones, lo cual me ponía muy excitado, y con ganas de mandarle la mano al chocho.
Yo la quise saludar de beso en la mejilla, ella me dio la oportunidad y alcance a rozar sus labios con los míos. Parece que esto le produjo cierto placer, me miró, pero no me dijo nada. Empezamos a hablar de cosas triviales.
Yo estaba buscando la forma de acercarme a ella, o tocarla de algún modo, de pronto se me ocurrió hablarle del tema de los masajes y lo buenos que eran para relajarse, entonces le propuse que si quería le podía hacer un masaje. Me dijo que sí. La llevé a la cama y la recosté boca abajo, podía apreciar su gran culo sin disimular, ya que ella no me veía.
Empecé a masajear su espalda, suavemente, lo cual a ella le parecía muy placentero, entonces, atrevidamente le pasé las manos por las raíces de las tetas. Pude notar sus pezones erectos, lo cual me dio confianza para continuar con el manoseo. Como no me dijo nada, le cogí las tetas descaradamente y se las empecé a apretar.
Acto seguido, con una mano le acariciaba el culo y le iba pasando los dedos por la chocha, a lo cual ella encogía y contraía el culo, en señal de placer, mientras, con la otra mano, le seguía acariciando las tetas. Sin más preámbulos, le quité la camiseta y empecé a besarle la espalda y la base de los senos. Al mismo tiempo, le acariciaba el culo entero, separando sus nalgas y metiendo allí mi nariz, ese olor a sudor me ponía más caliente.
La volteé hacia mí y, suavemente, empecé a besarle el estómago, el ombligo, subiendo hasta darle piquitos en los pezones, su excitación era mayor y la mía también. Me dijo: ¡no me haga esto por favor! Yo, simplemente, le tapé la boca con una mano, ella empezó a chuparme los dedos, mientras yo le besaba el pecho y con la otra mano le cogía el chocho por encima de la lycra. Me pegué a sus tetas y se las mamaba ambas, a intervalos, sus pezones estaban bien erectos.
¡Qué gran chocho! No me alcanzaba la mano para cubrirlo. Ella a su vez, comenzó a quitarme la camiseta que yo llevaba, no opuse resistencia. Yo ya estaba que estallaba. Así que procedí a quitarle la lycra muy ajustada que tenía. Pronto quedó frente a mí ese gran animal, con unos labios muy grandes en los bordes, abultados, esa cosa era más grande que mi cara. A pesar de su edad usaba una braguita blanca muy pequeña que le resaltaba más ese morro, y se veía señas de que estaba mojadita por encima del calzón. Yo no podía aguantarme las ganas de lanzarme a ese chochito y empezar a besarlo.
Por los agujeritos de la braga salían los vellitos negros. A los lados también salían vellitos, aunque parecía recién depilada. Comencé a besarla desde las rodillas hacia arriba, muy lentamente, subiendo por esos grandes muslos que estaban hirviendo, como diciendo cómeme ya, cuando llegaba a su chochito, me detenía para husmear con mi nariz, el olor de su cosita mojada me llenaba de placer.
La besé por los lados, levantando su braguita y metiendo la lengua. Yo saboreaba sus jugos vaginales, ella se retorcía de placer. No esperé más y le quité la braga. Se veía esa rajita húmeda y bien depilada.
Le pasé la lengua por la superficie, a lo cual se estremeció, y me apretó la cabeza contra su cuquita. Sin más preámbulos, le abrí los labios vaginales con mi lengua y comencé a lamer, metiéndole la lengua aun más adentro, esos labios rosados y húmedos estaban sedientos de sexo, la puta estaba chorreando y se estremecía de placer, ni que se diga cuando llegué a su clítoris, arqueó su cuerpo sin poder aguantar la excitación, le agarré el culo con mis manos y la apreté más hacia mi boca.
Con mis labios le apretaba el clítoris y se lo succionaba, al mismo tiempo, comencé a rozarle el culito con mis dedos, al principio, ella me apartaba los dedos de su culo pero por fin cedió. Lo lubriqué con su lechita caliente, hasta que le metí todo el dedo del corazón, la perra no sabía qué hacer, gemía, se retorcía y apretaba, con sus manos, mi cabeza contra su chocho, yo metía y sacaba el dedo en un movimiento, al principio lento, y luego muy rápido, no aguantó mucho y se vino en un orgasmo largo y lleno de jadeos y contracciones. Cuando terminó, me tuvo largo rato en esa misma posición, acariciándome el pelo, con mi cabeza metida en su concha.
Me limpié la boca con una sábana y me puse de pié, ella, inmediatamente, me agarró de las caderas, me quitó los pantalones y empezó a besarme la verga por encima de la tanga que llevaba, no esperó mucho, y me la quitó con un movimiento brusco y desesperado.
Quedó frente a ella, mi verga, de la que ya botaba los primeros chorritos. De una vez, la agarró con las dos manos y se la llevó a su boca; primero, le besó la puntica con sus labios, luego, se metió toda la cabeza en su boca y la apretó fuertemente.
Su boca estaba caliente, la chupó varias veces y luego empezó a restregársela por toda la cara, la nariz, los oídos; luego empezó a succionar la punta otra vez, yo sentía hervir mi sangre, y sentía como mi pene crecía en su boca y se lo introducía mucho más adentro. Ella comenzó a recorrer mi pene, de la raíz hasta la punta, y me mamaba también los huevos. Noté que, en esto, yo no aguantaría mucho tiempo, entonces, saqué mi verga de su boca y la tendí a ella en la cama, le abrí las piernas y la intenté penetrar sin más consideraciones.
Me llevé una sorpresa cuando me dijo que no le hiciera eso, que ya habíamos ido demasiado lejos, porque ella, por su edad, podría ser mi madre. En medio de mi excitación yo no sabía qué hacer, entonces decidí tomarla por la fuerza, así que le agarré sus dos manos y se las puse detrás de su cabeza.
La sostuve con una mano, y con la otra agarré mi pene para metérselo en su vagina, ella forcejeó unos momentos, cerró sus piernas pero yo se las abrí de nuevo, luego, después de unos minutos, cedió y me dijo: ¡me gusta que me tomen así, métemela toda por favor, quiero sentirla dentro de mí, húndemela sin compasión!. A lo cual, yo procedí inmediatamente, pero pensando dentro de mí: ahora me las vas a pagar, puta de mierda, esta broma te va a doler mucho.
Pero parecía que ella tenía la vagina bastante estrecha, porque me costaba dificultad metérsela. Me decía que se la metiera despacio porque le dolía. Ella misma guiaba mi pene con sus manos, a cada centímetro que yo avanzaba, ella gemía y casi gritaba en un gesto mezclado de dolor y placer.
Yo la continué metiendo, y ella gritaba aun más, y me enterraba sus uñas en mi espalda, lo cual me excitaba mucho más. Pronto la penetré todita, y puse sus piernas en mis hombros, y comencé un movimiento rítmico, a lo cual ella empezó a moverse rápidamente, y yo también.
Apoyé mis piernas en uno de los extremos de la cama y con mis manos la abracé fuerte, de tal forma que ella casi no podía moverse ni oponer resistencia, entonces, le imprimí más fuerza a mis movimientos y mucha más rapidez, ella gritaba de desesperación, y sentí cómo su vagina se contraía y apretaba contra mi pene, la penetración era máxima, comenzó a moverse como loca de placer, a lo cual tuve que golpearla con una mano en su cara, pero esto sólo logró acelerarla mucho más. Esto me produjo más excitación, de tal forma que sentí venirme y no aguanté más.
Le bajé las piernas rápidamente y la abracé fuerte con mis manos, en estos momentos, eyaculé sin pensarlo más, y sentí como sus músculos internos se contraían otra vez apretando mi verga. Este momento para mí fue infinito. Duramos abrazados un largo rato y me dijo que nunca le habían hecho algo semejante. Le pregunté que por qué era tan estrecha y me dijo que no sabía pero que siempre le dolía mucho.
Nos quedamos recostados unos 15 a 20 minutos.
Al estar los dos acostados, desnudos, me puse a mirarle la concha, ¡qué grande era!, entonces empecé a juguetear con ella, y a acariciarla con mis manos. Nuevamente sentí excitación y mi verga se puso dura.
Le pregunté, que si alguna vez la habían clavado por detrás, y me dijo que no, que sí lo habían intentado, pero que ella no lo había permitido. Yo le prometí que lo haríamos suavemente, sin prisas, y que no le dolería mucho. Ella me dijo que no rotundamente.
Mientras, yo seguía acariciándole la chocha y excitándola, ella comenzó a jadear de nuevo y a gemir. Aproveché para tocarle suavemente el culito, e introducirle un dedo lentamente, ella vio mis intenciones, y trató de apartarme de esa zona; le sacaba el dedo del culo, y me concentraba en su chocha, pero de nuevo regresaba a su culito, con disimulo, y, de esta forma, logré meterle todo el dedo.
Ella me decía que por favor no le hiciera eso, pero, a la vez, ya no permitía que se lo sacase, y comenzó a hacer un movimiento rítmico con el culo. Entonces, la giré hacia abajo y, sin sacarle el dedo del ano, le comencé a meter la lengua en la cuca, y también entre las nalgas. Ella gemía aún más de placer. Entonces, decidí sacarle el dedo del culo y metérselo en la vagina.
Mientras, con la otra mano, le abrí lentamente las nalgas y empecé a rozarle la punta de mi verga en el culito. Al principio, contraía el culo y no permitía nada, pero nuevamente yo iba al ataque; con los dedos lubricados por la mezcla de semen y leche, que había en su chocha, iba abriéndole otra vez el ano, hasta que, en un descuido suyo, le metí la puntica del pene.
En ese momento, ella como que se paralizó para asimilar el pequeño dolor, pero yo le acaricié las tetas, y le dije que se relajara, que iba a ser muy placentero. Entonces, comencé a penetrarla más y más por el ano, ella, enseguida, puso sus dos manos en las nalgas, abriéndolas poco a poco, se la metí lentamente, ella gemía aún más, hasta que le introduje todos los 18 centímetros, quedando fuera sólo mis bolas. Ella casi ni podía moverse. Entonces, comencé a sacarla y meterla muy suavemente.
Pronto, ella se acopló a este nuevo movimiento, y me siguió el ritmo. Fuimos acelerando más y más, y ella gemía, y me pedía que le hiciera más duro todavía. Yo la cogí por las caderas, con mis dos manos, y fuertemente la apreté contra mí, su placer era infinito. Después, con una mano, empecé a acariciarle la chocha, y a introducirle los dedos, le encontré el clítoris y se lo empecé a frotar. La muy puta no podía resistir tanto placer, pero, a la vez, sentía dolor, ya que se agarraba fuertemente a la sábana, se quejaba y mordía la almohada, hasta me pareció ver dos lágrimas en sus ojos.
Le continué dando con más fuerza por ese culo, entonces, noté que ya la puta estaba viniéndose, porque su culo se contraía, y me apretaba la verga, lo cual me excitó mucho más, aceleré el ritmo, parecía que la fuera a reventar, y, en ese momento, le eyaculé todo mi semen hirviente, una parte quedó en su culo, y la otra ella rápidamente logró sacarse mi pene, se giró, y se lo metió en la boca, succionando de mí hasta la última gota, luego quedamos rendidos en la cama.
Me levanté, y me lavé la verga, y me fui a tender de nuevo en la cama. Me dijo que había quedado completamente exhausta, y, a modo de broma, dijo que yo era un depravado, por todo lo que le había hecho, pero que era lo más maravilloso que le había pasado. Le respondí que aún faltaba más, y me dijo que era imposible, que ya no tenía fuerzas.
Sin pensarlo, me quedé dormido. De repente, me desperté al sentir una sensación de placer en mi pene, abrí los ojos, y vi que era ella, que estaba pegada como un ternero a mi verga, la estaba mamando, metiéndola y sacándola, la metía hasta lo más profundo de su garganta. Me chupaba la punta, y me la succionaba con tanta fuerza que a veces me dolía, y yo me encorvaba del placer. Pronto sentí como mi verga crecía aún más dentro de su boca. Entonces, la agarré de los cabellos, y empecé con un movimiento rítmico, como si la hubiera penetrado por la chocha o por el culo.
Luego, sin sacarle mi pene de su boca, di un giro sobre mi espalda y la acomodé a ella, de tal forma que mi boca quedó bajo sus genitales, formando así el famoso 69. Sus labios vaginales estaban chorreando. Empecé a besarlos suavemente, acomodando mi boca en su vagina, mientras con las manos le habría las dos nalgas, para observar el huequito de su culo, el cual trataba de abrirse y cerrarse. Con la lengua, busque su culo, y le metí la puntica, así mismo, también le succionaba el culito, a lo cual, ella dejaba de mamarme el pene. Yo creo que el placer que sentía la hacía parar y gemir inmediatamente.
De nuevo, regresaba con mi lengua y le buscaba su chocha, le introducía también mi lengua entre su vagina, lo más que podía, al tiempo que con los dedos, también, se los metía en su culito, ya lubricado. Yo sentía su leche correr sobre mi cara, y mis labios y mi excitación aumentó aun más.
Entonces, aceleré la chupada que le daba en sus labios vaginales, los cuales besaba uno por uno, recorriéndolos completamente, y, saboreándolos en mi boca, le encontré el clítoris, y se lo chupé sin compasión, mordiéndolo suavemente con mis dientes, o apretándolo con mis labios. Ella ya no podía resistir, me dejó de mamar, y se vino en un gran orgasmo que parecía no terminar.
Pero yo aún no había terminado, y de nuevo le introduje mi pene en su boca, agarrándola de los cabellos la obligué a mamar aún con más fuerza, y más rápido, yo sentía que ya iba a eyacular. Cuando empezaron a botar los primeros chorros de semen, ella sintió que yo ya iba a derramarme, e intentó sacarla de la boca, pero yo no se lo permití, la agarré con más fuerza contra mí. Le dije: ¡bueno perra!, ¿Antes querías y ahora ya no? Tienes que terminar lo que empezaste, y le eyaculé todo mi semen en su boca; no encontró otro camino que tragárselo todo, como que le gustó, porque me succionó de nuevo hasta la última gota. De esta forma ya los dos quedamos satisfechos, y nos dormimos un largo rato. Después, me vestí y le prometí volver a comérmela más a menudo.
Aprovechábamos cualquier ocasión para culear, incluso hasta en la cocina. Por las mañanas, cuando yo me levantaba, la encontraba preparando el desayuno, aún sin bañarse, y sólo cubierta por una delgada bata. Entonces, yo me acercaba por detrás, me agachaba, y le alzaba la bata, le metía mi lengua entre las nalgas, y, como no llevaba calzón, inmediatamente encontraba su rajita y su culito, y empezaba a mamárselos; con la otra mano, le agarraba el chocho y le frotaba el clítoris. La muy puta, empezaba casi a saltar de la emoción, se volvía hacia mí, me tiraba al piso, me desvestía, y de nuevo hacíamos el 69. Esto sucedía casi a diario.
Esta fue la historia con esta hembra, la cual quedó como enamorada de mi verga, porque, a cada rato, me lo mamaba sin mucho pensarlo. Y siempre me pedía que se lo metiera por el culito, ya que por ahí sentía un placer diferente decía ella. Yo le daba gusto y se la hundía hasta hacerla gritar.
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